lunes, 4 de septiembre de 2017

El fin de las redes II: Resurrección

A unos doscientos metros de esta cafetería está el mar.
Nací oliendo su sal.
Me llevaron lejos, donde los olivos
también son gigantes que enfrentar.
Y regreso como un velero,
pero con conchas adheridas al casco
y la quilla con el rumbo aprendido
de quien ha conocido el nombre del viento.
Naciste en un lugar inhóspito
mil años atrás.
Donde el oro mana en las ramblas

y la sangre de nuestros antepasados
riega los barrancos.
Encogida la yerba por los océanos.
Y aquí estamos los dos,

junto a un mar indistinto,
azul, dorado, rojo, rosa, plateado,
blanco como la nieve que jamás caerá en tu tierra.
Buscando en nuestra propia rosa de los vientos
un Destino.
Con libros en la mochila.
Con juguetes en el desván.
Con madrugones en la playa.
Con el presente por bandera.
Con la guía para los laberintos de la vida
que nos ha escrito, exclusivamente,

el Dedo de Dios.
Miguel Diaz Romero (c) 2017

Véanse también: El fin de las redes I y El fin de las redes III: Menú

El fin de las redes III: Menú



Nota del Autor: El texto a continuación es la narración de un sueño del autor, por lo que se trata del producto enajenado de una mente perturbada, y en ningún caso es recomendable su lectura.

Jueves, 4 de Abril de 2087.
Facultat de Ciències Aplicades.
Universitat de València, España.

            Santi se frotó los ojos ante la pantalla, blanca y luminiscente, de uno de los ordenadores con los que trabajaba en el departamento de informática de la facultad. Aquella tesis sobre informática antigua no era tan fácil como lo pudo suponer antes de ponerse a ello… había creado un algoritmo según aquel viejo lenguaje de programación y veía que la cosa no avanzaba.
- No puede ser… - dijo en voz alta. Estaba solo y estiró ambos brazos hacia lo alto, entrelazando los dedos de sus manos sobre su cabeza, dejando que el respaldo de su tantas veces incómoda silla; exceptuando cuando se quedaba dormido en ella trabajando; se hiciese hacia atrás. – Algo debe estar mal.
            En el algoritmo había varias instrucciones de bucle, utilizadas en los ordenadores de finales del Siglo XX y principios del XXI para decirle a los ordenadores qué debían hacer si se daban unas pautas o acciones determinadas. En concreto, el que Santi creía que estaba fallando era del tipo “hacer-mientras”; estos bucles servían para que la máquina hiciese ciertos procesos hasta que no sucediera otro determinado…
- Do… - dijo en inglés pues las funciones de la computadora entendían el lenguaje internacional de hacía décadas; ahora todo el mundo hablaba spanglish cuando se quería entender con alguien de una nacionalidad distinta, fuese cual fuera ésta; - while data equal 2087 April 3rd… está bien… pero… la fecha está cambiada… es como si…
- ¿Qué haces…? – la voz de Sofía irrumpió en la habitación, llenándola de frescura.
- Nada… - suspiró Santi y se giró hacia ella, que esperaba en el quicio de la puerta: el despacho que Santi utilizaba estaba separado del pasillo por dos ventanales a ambos lados de la entrada, cubiertos por persianas de láminas de plástico azul claro. - ¿A dónde vas?
- He quedado con David en la cafetería, ¿vienes?
- Sí… acabaré con esto luego… mejor con un café para despejarme. – Sonrió y se levantó.
- ¿Problemas con ese trasto?
- El algoritmo… no funciona y no sé por qué… es como si el formato de fecha no estuviese bien…
- Pero eso está predeterminado…
- Sí… por eso no entiendo qué ocurre…
- David quizá pueda ayudarte. – Santi sonrió de nuevo ante el comentario de Sofía: David era licenciado summa cum laude en física, y era una de las personas más inteligentes del planeta en esos momentos. Parecía tener soluciones para todo y, aunque Santi y David eran amigos desde que comenzaran las carreras hacía unos años, ciertas dosis de envidia le recorrían la espina dorsal ante comentarios inocentes y exentos de toda malicia como aquel.

            La cafetería estaba silenciosa a esa última hora de la tarde… quedaba apenas una hora para cerrar y las clases habían terminado. Sólo quedaban algunos profesores, personal y los de siempre: los alumnos de doctorado que se pasaban horas y horas en los departamentos o la biblioteca, en pos de terminar una tesis a menudo tediosa, larga y sorprendentemente laboriosa.
            David devoraba media hamburguesa sin apartar la vista de la pantallita de su ordenador, al lado de la bandeja de plástico blanca manchada de ketchup.
- No sé cómo puedes comer eso… - dijo Sofía, vegetariana declarada.
- Con la boca… - dijo y sonrió dejando ver trozos de carne en sus dientes. Tragó y añadió: - es broma.
            Sofía se sentó y acto seguido lo hizo Santi, con una bandeja y dos cafés solos en ella. Sofía y Santi no estaban ni juntos ni separados… se citaban cuando querían y no se llamaban si no lo deseaban: llevaban así años y, hasta el momento, les había ido bien.
- Algo no marcha bien con ese algoritmo, ¿eh? – Dedujo David limpiándose las manos ante el gesto ausente de Santi.
- No sé… es como si la fecha del lenguaje no coincidiese con la fecha del ordenador.
- ¿Has comprobado que los programas predeterminados del sistema operativo sean correctos?
- Es una máquina virtual, debería estar todo conforme a como eran los ordenadores en la época en que se utilizaban esos lenguajes.
- Debería…
- Creo que me voy a pasar toda la noche releyendo los programas determinados del clon… - suspiró finalmente Santi y dio un sorbito al café caliente.

Jueves, 4 de Abril de 2087.
Facultat de Ciències Aplicades.
Universitat de València, España.

            Santi se frotó los ojos frente a la pantalla, blanca y luminiscente, de uno de los ordenadores con los que trabajaba en el departamento de informática de la facultad. Aquel algoritmo le traía de cabeza…
- Do tatatá… - masculló entre dientes mientras tecleaba, con la espalda encorvada sobre la maquinaria – while data equal 2087 April 4th… a ver si cambiando el día por el de hoy funcionas, cachivache neolítico… - recompiló el algoritmo y ejecutó de nuevo, esperó los resultados.
            Nada.
           
            En la pantalla de al lado, conectada al mismo ordenador que donde debía estar funcionando aquel programa inútil que sólo servía para terminar de una vez con la tesis antes de dar a corregir los resultados al encargado de su doctorado, fue al navegador donde se abrió el interfaz de manipulación de la máquina virtual con la que estaba trabajando.
- A ver qué pasa… no es posible que los programas estén mal si son determinados, y si están mal, voy a tener que hablar seriamente con el que ha metido la pata…
- ¿Qué haces…? – La voz de Sofía irrumpió en la habitación, llenándola de frescura.
- Creo que el programador que creó la máquina virtual metió la pata con los programas de fecha y hora… y hasta que no compruebe que están en orden, no puedo comprobar también que el algoritmo funciona como debe…
            Sofía meneó la cabeza a ambos lados y se sentó en la silla de al lado de la de Santi: nadie utilizaba esa silla, y algo de polvo se izó tras que se sentara la futura doctora en arqueología industrial.
- Ahí está el reloj del sistema. - Dijo en voz alta señalando con su dedo índice la pantalla, negra con letras y números en naranja y blanco.
- Je… - sonrió Santi, - voy a averiguar quién ha hecho esto y tener unas palabritas con él…
- O ella. – Anotó Sofía con cierta dosis de soberbia femenina.
- O ella. Según el programa estamos en junio de 2089… se ha equivocado por dos años al iniciar la máquina virtual y por eso el algoritmo no se cree que estemos en abril de 2087…
- ¿Y cómo puedes solucionarlo…?
- Tendré que reprogramarlo para que coja el formato correcto, pero para ello necesito el código fuente. – Se recostó sobre su respaldo y, más calmado, preguntó: - ¿Querías hacer algo…?
- Nada, he quedado con David en la cafetería y me preguntaba si te tomarías un café con nosotros y descansabas un poquito…
- Por supuesto.

Véase también:

El fin de las redes I



EL FIN DE LAS REDES.
En el transcurso de estos treinta y cinco años y pico he vivido experiencias de todo tipo. Y sólo hasta hace unos pocos sé que tales experiencias tienen un sentido, rumbo u objetivo. Ha sido difícil ser uno mismo, llegar a serlo mejor dicho, con la sinceridad y la integridad de alguien a quien sí le importa que lo que dice y lo que hace sean lo mismo. En base al auto-conocimiento que la vida me ha dado, y a esa integridad que deseo mantener, he decidido “dejar” las redes sociales una temporada. “Dejar”, como si fueran una droga. Me he dado cuenta de que me causa más maleficio que beneficio ser testigo de a qué está abocado el mundo; un mundo del que me voy bajando más y más poco a poco; y que no me gusta nada: ya dije que la gente se ha convertido en la policía del pensamiento. Cualquier asunto se politiza instantáneamente, y sistemáticamente hordas de personas repiten clichés. Clichés que ni si quiera son verdad, que tal vez ni tan sólo han pensado, pero que para el vulgo son axiomas irrefutables y que, además, beligerantemente “gritan” por la red a troche y moche. Sé que no digo nada nuevo: sólo estoy escribiendo la consecuencia de mi hartazgo. Silenciosamente o no, pues no ha habido comentario que no tuviese réplica o respuesta, he contemplado que la hipocresía, la soberbia, la sinrazón e incluso la falsa ignorancia; con intereses de por medio casi siempre; se han instalado en nuestra sociedad como lapas inseparables. Al principio lo toleraba e incluso participaba. Luego me daba reparo hacerlo porque casi siempre significaba algún pique innecesario con desconocidos o comentarios infinitos redarguyendo algo que opino tal cual y no voy a cambiar porque éstos lo refuten en Facebook. Y, cuando comentaba o posteaba opiniones sin objetivo ni receptor concretos, siempre un aludido tenía que decir el “yo más”, “y tú menos”, “pos ahora menfado y no como” de turno. De unos meses para acá, y sobre todo desde la muerte de mi padre, he limitado mis publicaciones y la respuesta ha sido que, si no publico algo polémico, políticamente correcto, lo subrayo porque yo soy políticamente incorrecto y me encanta, algo que endulce los oídos de la gente o un verso de la Biblia, no tengo “amigos”. Se hace el silencio si publico acerca de mi carrera, se hace el silencio si publico algo cultural o temático; pero jaurías de dedos prestos están a digitar si digo lo que pienso lo que siento, juzgándome o prejuzgándome. Y me he hartado de eso.
No pido clemencia ni me hago la víctima. Al contrario: he terminado de despertar. Además, cada día encontraba cosas que no me gustaban en los demás: ofensas, extremismos, mentiras… que, junto a mi convencimiento de que ya no hay nada original ni genuino en los pensamientos y las acciones de los Hombres, ya que todo está manipulado por todas partes y venga de donde venga, me han obligado a dejar de publicar mi día a día; pensamientos que pretendo sigan siendo genuinos y sin máculas preconcebidas de los distintos “pensamientos cero” que el mundo cocina; y utilizar Facebook y twitter solamente con fines publicitarios.
No escribo esto sin lástima. Me da pena verme en esta resolución al conflicto. (Nota a posteriori: ha sido un conflicto interno, viendo que mi vida anímica se veía afectada por el abuso de la app y por mis reacciones, de incomprensión y tristeza mayoritariamente, a los posts de los demás) Pero los que me conocen saben que suelo ser íntegro, que mis hechos y mis dichos son coherentes, y no lo sería si, perdiendo el escaso tiempo libre que tengo para escribir o meditar – dos asuntos de los que disfruto mucho – en leer cosas que no me gustan, privándome de opinar abiertamente sobre las que sí, y envenenándome el pensamiento al ser testigo directo de una debacle irremediable hacia el 1984 orwelliano, continúo interactuando  en las redes.
Suspiro al poner esto por escrito porque, de hecho, me pregunto cuántos susceptibles de sentirse aludidos – aunque reitero no pienso en nadie sino en la vox populi general – se pensarán dos veces comentar esta entrada de blog. Y cuántos serán capaces de opinar abiertamente aún a sabiendas de que no voy a responder… ya no.
En fin y resumiendo: a partir de ahora utilizaré las redes como medio de difusión de mi literatura en la medida que me sea posible. Además, quiero aclarar que, desde que no estoy pensando en qué publicar en el blog semanalmente; en si vendo más o menos ejemplares por ahí; en qué le parece lo que digo o pienso al resto; en si hay visitantes en la web o no… tengo más tiempo para mí y los míos. Y eso me realiza y reconforta.
No sé en qué quedará todo esto. Tal vez sea sólo una rabieta de rebeldía antisocial de novelista del tres al cuarto, y mañana me ponga a publicar fotos playeras como un poseso. Pero por el momento aquí, en este blog oficial y mis cuentas – que actualizaré y cuyos links ya postearé por aquí – sólo se publicarán eventos y asuntos literarios.
Gracias y espero que nos veamos pronto. Quienes me queréis tenéis mi teléfono (en caso contrario, pedídmelo por favor) por si me necesitáis. Siempre a vuestro servicio,
Miguel. 

Dos de mis últimos posts:
No busco tu aprobación. No ser un facebook star. No quiero darte la razón ni discutir contigo. No comparto tu punto de vista. No estoy de acuerdo con lo que piensas. No exhibo mi felicidad ni difundo mi tristeza. Estoy cansado de ver el declive del mundo y de mi país. Pero ten clara una última cosa: nací para ir contra el viento, nací para oír mi nombre... Y yo, al contrario que tú, entraré en los libros de Historia. 1 de septiembre de 2017
Pues eso: la gente es la policía del pensamiento, juzgándose a diestro y siniestro repitiendo clichés impropios a troche y moche, creo yo. 8 de agosto de 2017

Léase:
El fin de las redes II: Resurrección 
El fin de las redes III: Menú 

viernes, 16 de junio de 2017

De Madrid Al Zielo, de Alfonso Zamora

Os presento la nota de prensa y biografía del genial Alfonso Zamora y su trilogía zombie "De Madrid al Zielo", con la que lo está petando en tos los laos!!!


Alfonso Zamora Llorente nació en Madrid en el barrio de Vallecas un 10 de Diciembre de 1980
Desde pequeño siempre le gustó plasmar en el papel las historias que surgían en su cabeza junto a su hermano gemelo Javi. Ambos dejaron desarrollar su imaginación a base de inventar personajes que siempre quedarán en su intimidad.
Esa capacidad le llevó a ganar en el colegio su primer certamen de relatos infantiles a la edad de once años.
Con el tiempo y la madurez su afición comenzó a convertirse en un proyecto de escritor, culminando su opera prima, “De Madrid al Zielo”, de la mano de Dolmen Editorial en el año 2013. La novela alcanzó unas cifras de ventas impresionantes, tanto en España como en Latinoamérica, llegando a la 9ª edición en la actualidad.
La segunda parte vino en el año 2014: “De Madrid al Zielo 2. Última Batalla”, teniendo también una gran aceptación por parte del público. La novela consta ya de tres ediciones.
Entre medias de esta saga, ha publicado relatos cortos en más de veinte antologías, la mayoría de ellas de género de terror. Ha coordinado cinco de ellas en diferentes editoriales.
Es socio fundador de ESMATER (Asociación Nacional de Escritores e Ilustradores de Terror) y miembro de NOCTE.
Actualmente se encuentra escribiendo la que será su cuarta novela, también de género de terror, y que verá la luz próximamente en la Línea Stoker de Dolmen.
Alfonso vive en la actualidad en su barrio de toda la vida junto a su mujer y sus dos hijos. Sus cuatro gatos completan la familia.



En Mayo de 2017 llega a las librerías de toda España la esperada novela de Alfonso Zamora Llorente, “De Madrid al Zielo 3. Resistencia”, de la mano de Dolmen Editorial.
En esta ocasión, lejos de ser una continuación de las otras dos, se trata de una novela totalmente independiente, pudiéndose leer sin necesidad de haber leído la saga completa. Eso sí, el autor llena este libro de guiños a la saga, que serán fáciles de identificar por sus lectores.
La saga De Madrid al Zielo ha cosechado un número muy importante de lectores en estos cuatro años, tanto es España como en Latinoamérica, llegando a superar las cinco mil ventas del primer libro, y subiendo mes a mes. Nueve ediciones le avalan.
El autor vallecano trabaja en estos momentos en su cuarta novela, de género de terror, que saldrá a principios del 2018 también bajo el sello de Dolmen, en su línea Stoker.
La saga De Madrid al Zielo puedes conseguirla en grandes superficies como Casa del Libro, El Corte Inglés, Fnac, o en tus librerías de referencia, así como en Amazón, etc. También están disponibles en digital en la página web de Dolmen: 
Puedes contactar con Alfonso en sus diferentes redes sociales:
Facebook: Alfonso Zamora Llorente
Twitter: @Alfonso__Z
Instagram: @alfonso_z