lunes, 4 de septiembre de 2017

El fin de las redes II: Resurrección

A unos doscientos metros de esta cafetería está el mar.
Nací oliendo su sal.
Me llevaron lejos, donde los olivos
también son gigantes que enfrentar.
Y regreso como un velero,
pero con conchas adheridas al casco
y la quilla con el rumbo aprendido
de quien ha conocido el nombre del viento.
Naciste en un lugar inhóspito
mil años atrás.
Donde el oro mana en las ramblas

y la sangre de nuestros antepasados
riega los barrancos.
Encogida la yerba por los océanos.
Y aquí estamos los dos,

junto a un mar indistinto,
azul, dorado, rojo, rosa, plateado,
blanco como la nieve que jamás caerá en tu tierra.
Buscando en nuestra propia rosa de los vientos
un Destino.
Con libros en la mochila.
Con juguetes en el desván.
Con madrugones en la playa.
Con el presente por bandera.
Con la guía para los laberintos de la vida
que nos ha escrito, exclusivamente,

el Dedo de Dios.
Miguel Diaz Romero (c) 2017

Véanse también: El fin de las redes I y El fin de las redes III: Menú

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