viernes, 4 de junio de 2021

YO, GODOT

“Antes todo esto era campo”.

 

Ayer leímos a Bécquer, tumbados en la cama,

Sobre prostitutas, vino y esas formas del amor

Que creó el romanticismo y son todo menos románticas.

 

Recuerdo los bocadillos de Nocilla

Y sentarnos en el sofá a ver la Bola del Drac;

Las rodillas peladas en el parque

Y las clases de inglés en la Academia Fajardo.

 

Al quinto minuto de “Los últimos de Filipinas” la tuve que quitar.

Olivares ni aparece.

 

El psicópata del actual presidente ha vuelto a subir el precio de la luz.

El colega ese que decía que bajaría el IVA al diez por ciento se piró.

 

Se nos está quedando una dictadura encubierta preciosa.

 

Al menos tengo para cómics si me siguen comprando coches:

Ayer cayeron Rey de Negro, Masacre, Salvajes vengadores y Daredevil.

“Es mi único vicio” les digo a los que admiran mi pasión por este arte.

 

Pero tengo un vicio secreto a voces:

Escribir sobre la decadencia de mi amada patria.

 

Recuerdo las tardes en el parque otra vez:

Nunca aprendí a ir en monopatín demasiado bien,

Y detesto las bicicletas… sí, hemos gente a quien no le gustan esos trastos.

Soy más de caballo y beber cerveza tibia en el cráneo vacío de mi enemigo.

 

Cuándo perdimos la percepción que nos hacía libres.

 

Tengo en la sangre una herencia imperial que no se quita ni con Tenn bioalcohol.

Me he hecho la prueba del mayordomo y tragado Fairy a cantidades industriales.

Pero nada… soy quizá un Bécquer fuera del prostíbulo, donde ondea una bandera que hay gente que odia, como yo odio las bicicletas.

 

Espera: el Mediterráneo me está susurrando algo…

Es el décimo hombre despertando de su letargo de desidia y desencanto.

 

Los reyes de Tiro, padre, la están liando… y el silencio es lo que más me duele.

 

No sé si habéis leído a Manuel del Cabral… estáis tardando.

 

Qué es la poesía si no un divagar incierto que evoca sentimientos,

Con o sin música, con o sin rima, con o sin métrica, con o sin poesía: la poesía es.

Cual Darkseid.

Nunca antes estuve tan alejado de todo lo demás como hoy.

Me gustaría quemar el puente tras de mí. Me gustaría cabalgar el cometa.

Me gustaría no tener que escribir nada de esto y sentarme en el hall del fnac a firmar libros…

 

Pero se es lo que se escribe.

Hay cientos de mejores escritores que yo ahí afuera: escriben novelas que le interesan al público y que éste devora con ansia canina. Incluso esperan cuál será el siguiente título de este o aquella autora.

En cambio yo me escribo a mí mismo. Por ende, soy tan poco interesante que nadie me lee.

 

Quizá sea esta cara tan normal. Quizá sea que me escribo. Quizá…

 

Las maletas están en la puerta. Sé qué vuelo tengo que coger. Sería fácil si no fuera yo. Pero este ser yo es tan absolutista, que me quedo mirando los aviones que quisiera coger pero no puedo: porque de volar ya no sería yo. Y tengo que pasar el resto de mi vida conmigo mismo.

 

No sé si te das cuenta del fondo de todo esto… y sin embargo te escribo a ti.

Soy Godot.

 

La mano que mece la cuna soy yo el guardián entre el centeno. También el violinista sobre el tejado, yo me tiré del puente de San Luis Rey. El gigante que vio el Quijote, fui yo. Viví los cien años de soledad y escribí al coronel. Puse el primer madero en el embarcadero de Valinor. Yo fui el asesino de Roger Rabbit. Aquel a quien espera la loca del puerto de San Blas. El padre de Anakin Skywalker. John Connor en todas las películas también. Yo derroté a Rocky Balboa en su primer combate. Huí hacia lo salvaje. Freddy Krueger sueña conmigo cada noche. Me enfrenté a Conan cuando se quedó en Nueva York. Quemé el Liceo. Soy la máscara del fantasma de la ópera y su dermatólogo. Soy la pared del mimo. Un bosón, y no el de Higgs. Soy la masa de los fotones y el primer fantasma que vio ese niño siniestro del sexto sentido. Soy el espíritu vivo de Bécquer, Baudelaire y Rubén Darío… soy el humo ascendente de Bukowski. Yo creé la ecuación de la antivida y le di la idea del holocausto galáctico a Thanos. Si el cosmos tuviera un rostro, tampoco sería el mío. Soy todas las novelas que no he vendido, y cuesta tanto digerirlo… soy mi propio atragantamiento. Nudo en la garganta. Vacío en el estómago. Soy la patata frita que se queda en el envoltorio.

 

Si alguna vez no hubo un escritor, llamadle Miguel Díaz Romero.

 

Miguel Díaz Romero… o no.

4 de junio de 2021

Un hombre nace y muere gritando: ¡madre!

 

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