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viernes, 10 de febrero de 2023

Poema: Joker

 

Hay un trastorno del silencio. Que, como el humo mágico que agobia la ciudad, aguarda promesas en el sonido.

El mar está tan lejos, cuya inalcanzabilidad abruma mi ser. Soy una parada de autobús perenne bajo un sauce seco.

Mis botas rotas. Mi anhelo muerto.

Ansias de futuro que sajan mis manos y doblan mi espalda hacia el ocaso. Alejándome así, con el yugo del cansancio, del calor radiante de tus besos.

Soy el paisaje que pasa, el punto del horizonte que se pierde tras la estela del trayecto.

Hace tanto que no escribo que mis dedos creen que estoy trabajando al plasmar estos versos.

No hay esperanza de ocho y media a una y media, de tres y media a siete, de lunes a viernes, entre enero y diciembre. Siento la náusea lamer mi piel.

Sueño con cigarros encendidos y tatuajes en el hombro: son las pesadillas de mi afán, de mi distractor, de mi alto en el camino… de no saber qué diantres estoy haciendo conmigo.

Sólo sé que te amo,

         que Le amo,

                   que os tengo.

Sois la única certeza en el laberinto. Construido especialmente para mí al este de Mordor.

Me abraso cada mañana; y cada mañana renazco. Soy el resurrector de la esclavitud moderna… un eslabón rebelde, sociópata, en una cadena vomitiva.

Un año. Un año alienado. Anestesiado. Abotargado. Embotado. Agarrado a la baranda de un metro sin destino… un año, pimientos, un año escapando.

De mí.

         Del décimo hombre.

                   De Seattle.

                            Del Charger del sesenta y ocho.

Aspiro profundamente todo el aire posible que hay en torno a mí.

Esperaré…

…hasta ser el Dueño del Tiempo.

Miguel Díaz Romero.

Torrevieja, 10 de febrero de 2023.

Arthur Fleck

 

 

sábado, 4 de febrero de 2023

Poema: en un abrir y cerrar de ojos

 

En un abrir y cerrar de ojos, los niños ya se visten solos…

Dirán los viejos que dieciséis años no son nada; que recuerdan todo como si fuera ayer y que han multiplicado ese tiempo en sus canas…

Miro en el pasado y recuerdo la primera hamburguesa sin el pan de arriba; la semana de covid; los nervios de antes de la boda; los ocho meses de latidos en tu vientre; la cena en Los Jardines; la alfombra sobre el comedor de Caudete; esta misma carta…

Y aventuro el futuro, como un horizonte velado, de brumas pastel sobre el mar casi azul, con arrugas en la cara y lunares en las manos.

Unas manos que se unen, para bien y nunca para mal, hasta alcanzar el bastón, el último libro, un móvil tembloroso, o una flor pálida bajo los inclementes rayos de un sol de invierno.

Ha habido noches de frío, algunas de trueno. De fuego, de rendición, de paz y de desasosiego. Ha habido tiempo de parar y tiempo de actuar. De hablar y de callar. Momentos de besar y de abrazar… de gritos en el silencio… pero no cambiaría uno solo de ellos.

Sólo sé que nos quedan dos o tres dieciséis años más hasta que nos consumamos, fundiéndonos con el infinito, regresando al polvo que una vez fuimos; y que los quiero pasar a tu lado.

Los mismos niños que corrieron por el pasillo serán los padres de quienes lo recorrieren de nuevo.

Los mismos labios que besamos serán aquellos que se buscaren entre la niebla, la sábana, el viento y el centeno.

En un abrir y cerrar de ojos yo era soledad, laberinto y desconcierto. En ese mismo abrir y cerrar de ojos yo soy dos, soy tú, soy camino y acierto.

…o cuatro…

De las raíces nacerán las ramas de nuestra historia, que se enredará con las imágenes del mañana, como un punto de partida para algo que es sólo nuestro… como un legado, como una herencia sanguínea, como un resquicio de memoria en el olvido inexacto de las venas de los renuevos.

Gracias mi amor, gracias por aguantarme estos dieciséis años.

Te amo.

Para mi esposa, en nuestro 16º aniversario.

5 de febrero de 2023.

Miguel Díaz Romero.


 

 

 


martes, 24 de enero de 2023

Poema 240123

 

Los hombres que eran yo han muerto.

El décimo se fue con el último diario, negro, al cajón desastre de los momentos a olvidar.

El primero vive aún, y colecciona Pokémon en un álbum de plástico blanco.

Sólo somos la resta de las cosas que no nos han sucedido.

            Un cáncer terminal,

            un lagar al final del campo,

            una viña sin podar.

La nieve caerá esta tarde sobre las palmeras frente a Los Náufragos,

            el Sol se esconde más allá de las nubes,

            su vergüenza congela el asfalto.

Hablo con las voces de mi cabeza a diario,

            incluso en voz alta, bebiendo de una lata de Red Bull del 24 horas, a las siete mientras paseo hacia la Iglesia.

Los locos que habitan en mí me recuerdan quién fui,

            me niegan quién soy,

            adivinan en qué me transformaré…

Ese mañana glorioso, de promesas en el sonido, cuando mi pluma cayere al suelo desde el escritorio, en mitad de la Bibliotheka Capdetana que como tumba de papel viejo yo mismo cavé.

Mi don se está abotargando de desuso.

El regalo del mundo es un dos por ciento en una estadística desastrosa.

Lo que soy, como desde mi nacimiento en el noventa y cuatro, no es todo cuanto yo significo.

Soy el ser:

            un Darth Vader romántico,

            un Walter White piadoso,

            un Light Yagami lleno de arrepentimiento.

Soy el portador de luz en medio de la oscuridad de los Tiempos, amigo mío,

            soy la voz de la conciencia en el laberinto de quienes lo ignoran.

Y, aun así, me despierto.

Cuándo llegará ese día… en que los bolígrafos de los hombres buenos pueblen mi mesa… me pregunto constantemente desde mi Mordor particular.

Soy el Mal callado, la poesía, soy el roto en el descosido, la espera, soy la paciencia negada, el principio cósmico, una lentilla perdida en una cancha de baloncesto, la risa…

            …cuándo, mi Señor, cuándo…

            …cuándo me levantará cada día la pasión por el verso, llenando mi cartera, consumiendo mis vicios.

24 de enero de 2023. Torrevieja

Miguel Díaz Romero